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El «Ordo Rituum Conclavis»



La celebración del Cónclave es un tiempo de gracia para la Iglesia que, unida a los Padres Cardenales, se dedica a la oración implorando del Señor misericordioso un nuevo Obispo para Roma, Pastor de la Iglesia Universal. La reunión denominada Cónclave se desarrolla según una liturgia propia y dos meditaciones. Así lo establece la Constitución Apóstolica Universi Dominici Gregis del B. Juan Pablo II donde se pone de manifiesto la importancia que esta reunión tiene en la vida del Pueblo de Dios donde se elige al Sucesor del Apóstol san Pedro.

El Ritual del Cónclave (Ordo Rituum Conclavis) prevé varias celebraciones que jalonan los cinco momentos de este momento particular en la Iglesia:

  1. La «Misa para la elección del Romano Pontífice»: a esta concelebración solemne de los Cardenales electores, presidida por el Decano del Colegio cardenalicio, están convocados otros obispos, presbíteros, diáconos, consagrados y los fieles cristianos presentes en Roma. Esta Eucaristía que celebra al Pastor eterno está caracterizada por textos de la Palabra de Dios donde el mismo Señor escoge al profeta para anunciar su mensaje (Is 61, 3a.6a.8b-9); el pueblo responde con el salmo 88; el Apóstol recuerda que los ministerios existen para edificación en la caridad (Ef 4, 11-16); y, el  Evangelio muestra la elección para dar fruto (Jn 15, 9-17). La Plegaria Eucarística –la primera del Misal, también denominada Canon Romano- inicia con el Prefacio donde se contempla la misión del Espíritu en la Iglesia. La última oración, tras la comunión, pide al Señor “un pastor santo que ilumine al pueblo con la verdad del Evangelio”.

  1. La «Entrada en el Cónclave y el juramento»: los Padres electores se dirigen a la Capilla Sixtina cantando procesionalmente las letanías de los Santos de Oriente y Occidente. Lo hacen precedidos por la Cruz y el diácono que porta el Libro de los Evangelios que será entronizado para presidir las celebraciones y deliberaciones de los Cardenales. Ante el altar de la Capilla se invoca solemnemente al Espíritu Santo con el canto Veni Creator. Después de pronunciar el juramento sobre el Evangelio todos los presentes son despedidos con el Extra omnes; comienza para los electores el tiempo de retiro con una primera meditación que pronuncia un religioso. Este capítulo concluye con el canto de la más antigua antífona mariana Sub tuum praesidium.

  1. La «Elección del Romano Pontífice»: comienza con una serie de plegarias al Santo Espíritu y la oración Adsumus de la tradición conciliar visigótica. La jornada en el Cónclave tiene como centro la Eucaristía siendo sus goznes las dos Horas principales del Oficio Divino (Laudes y Vísperas). Antes de proceder a las votaciones se escucha la Palabra de Dios que se responde con unas Preces. Antes de proceder a la elección y depositar la papeleta (schedulam) en el altar cada elector pronuncia esta fórmula:

«Pongo por testigo al Señor Jesús, quien ha de juzgarme,
que elijo al que, según Dios, creo debe ser elegido».

Las papeletas son quemadas por los escrutadores (“fumatas”). Con una acción de gracias y una invocación a la Virgen concluye cada sesión de votaciones.

  1. La «Aceptación y Proclamación» del elegido: el Cardenal Decano se dirige al que ha conseguido al menos dos tercios  de los votos y le pide su consentimiento: Acceptásne electionem…?  Con la aceptación el elegido, si ya ha recibido la ordenación episcopal, es inmediatamente Obispo de Roma, Cabeza del Colegio Apostólico y Pastor de la Iglesia Universal como Siervo de los siervos de Dios.  En ese momento adquiere de hecho la plena y suprema potestad en la Iglesia universal. Tras indicar el nombre con el cual ha de ser denominado, el Maestro de las celebraciones litúrgicas levanta acta del evento.
El Papa, vestido con la sotana blanca, va a la Cátedra y desde allí realiza su primera acción como Pastor de la Iglesia: escucha la palabra del Señor Jesús contenida en el Evangelio (Mt 16, 13-19 o Jn 21, 15-17 o Jn 21, 15-17) que proclama un Cardenal Diácono. Después, todos los Cardenales le prestan respecto y obediencia y se canta el Te, Deum.

  1. El «Solemne anuncio de la elección y Bendición Urbi et Orbi»: desde la Logia de las Bendiciones de la Basílica Vaticana el primer Cardenal Diácono anuncia al pueblo la elección del nuevo Pontífice:

Annuntio vobis gaudium magnum; habemus Papam…

Poco después, el mismo Romano Pontífice, precedido por el signo de la Cruz, acompañado de los Cardenales Obispos, Presbíteros y Diáconos –en la Logia externa de la Basílica- imparte la Bendición Apostólica. Los dos últimos Papas han dirigido unas palabras al pueblo cristiano que, en la Plaza de san Pedro o través de los medios de comunicación, se alegran por este momento de gracia en la vida de la Iglesia.

En tiempo oportuno se celebrará la solemne inauguración del Pontificado: el «inicio del ministerio petrino». En sus ritos iniciales tras el canto de las Laudes Regiae recibirá «el anillo del Pescador» y el pallium. El Pontífice, en los días sucesivos, peregrinará a su Catedral, la Basílica Lateranense, donde se encuentra la Cátedra del Obispo de Roma.

Manuel González López-Corps